English Woman's Journal - En Estados Unidos, voluntarios crían ostras para limpiar los mares

En Estados Unidos, voluntarios crían ostras para limpiar los mares


En Estados Unidos, voluntarios crían ostras para limpiar los mares
En Estados Unidos, voluntarios crían ostras para limpiar los mares / Foto: Drew ANGERER - AFP

Apreciada por los cocineros, la ostra podría ser también uno de los soldados que el mundo necesita para luchar contra la degradación del medio ambiente. Kimberly Price está convencida de ello y junto con otros voluntarios intenta aumentar las poblaciones de estos limpiadores de los mares.

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Esta habitante de Maryland, en el este de Estados Unidos, cría miles de ostras en su casa situada a orillas del agua. Cuando están lo suficientemente maduros, los moluscos son liberados en la bahía de Chesapeake, cerca de Washington, donde limpian el agua.

Las ostras son filtros naturales extremadamente eficaces: cada una puede procesar hasta 190 litros de agua por día.

Con ellas, el hábitat se vuelve más sano, y la flora y la fauna marina mejoran, lo que según los expertos también puede ayudar a que las aguas capturen más dióxido de carbono responsable del calentamiento global.

Hoy en día, solo queda el 1% de las ostras nativas de la bahía de Chesapeake que se encontraban por miles de millones antes de la década de 1880, suficiente para filtrar toda el agua de la bahía, según los historiadores. Fueron víctimas de la contaminación, la sobrepesca y las enfermedades.

Los ambientalistas se enfrentan a un desafío colosal y los voluntarios como Kimberly Price desempeñan un papel crucial en la repoblación de la bahía.

Durante nueve meses, las ostras jóvenes se crían en jaulas colgadas con cuerdas del muelle privado de Price, consultora inmobiliaria de 53 años, para darles mejores posibilidades de crecer. Luego, los moluscos se ponen a trabajar para ayudar a preservar el planeta.

"Nosotros los humanos destruimos todo, ¿verdad? Así que vemos cómo hacer para rectificar la situación", explica Kimberly Price a la AFP mientras águilas pescadoras planean sobre su cabeza.

En la jaula con la inscripción "Prohibida la venta y el consumo humano", viejas conchas de ostras sirven de lecho a media docena de pequeños moluscos del tamaño de una uña.

- "Dirección positiva" -

Al llegar a casa de Price el verano pasado, no eran mucho más grandes que cabezas de alfiler, venidos de una incubadora especializada.

Durante la visita de la AFP a finales de mayo, Kimberly Price lavaba las jóvenes ostras antes de entregarlas a la Fundación de la Bahía de Chesapeake (CBF), que las introduce en arrecifes santuario donde la pesca de moluscos está prohibida.

En 2018, la organización sin fines de lucro y sus socios se fijaron como objetivo implantar 10.000 millones de nuevas ostras en la bahía -el mayor estuario de Estados Unidos- antes de finales de 2025.

Unos 6.700 millones ya han sido introducidas, según Kellie Fiala, experta de la CBF. La población "evoluciona en una dirección positiva", añade.

"Cuando pensamos en el número de ostras que había en la bahía, todavía nos queda camino por recorrer", subraya sin embargo.

Una de las principales dificultades es la falta de sustrato, de material duro que las ostras necesitan para crecer, ya que durante años las conchas se recogían para usarlas en la construcción de senderos.

"La gente no entendía la importancia de devolver las conchas al agua para que sirvieran de hogar a otras ostras", destaca Kellie Fiala.

Para resolver el problema, la CBF anima a los voluntarios a fabricar especies de iglús de hormigón para servir de hábitats artificiales submarinos.

Todas estas iniciativas fomentan la implicación de los habitantes de la zona, desde escolares hasta jubilados.

Con otros voluntarios, Kimberly Price acude a la sede de la CBF cerca de la bahía para dejarle cubos de moluscos, 7.500 según un recuento.

Luego, las ostras se cargan en un pequeño barco que el capitán, Dan Johannes, de 61 años, pilota hasta alcanzar un arrecife santuario. Allí, dos becarios vacían sin ceremonias una veintena de cubos por la borda. El proceso solo dura un minuto y la bahía alberga unos miles de ostras más, camino al objetivo.

O.Wood--EWJ

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